En Tiempo de Hoy RD no solemos perder tiempo respondiendo a frases ligeras o provocaciones vacías. Pero hay palabras que no se quedan en lo anecdótico: hieren, desprecian y buscan normalizar una visión injusta sobre un pueblo entero. Eso ocurrió con las desafortunadas declaraciones del abogado Ramón Peralta, quien se atrevió a decir en una rueda de prensa que “al dominicano no le gusta trabajar”.
No es solo una frase. Es una ofensa directa a millones de hombres y mujeres
que, desde antes del amanecer, salen cada día a ganarse el pan con esfuerzo,
creatividad y dignidad. Es una falta de respeto a los obreros, a los
comerciantes, a las madres solteras, a los jóvenes que estudian y trabajan a la
vez, a los campesinos que siembran la tierra, a los emprendedores que levantan
negocios con uñas y sacrificio, y hasta a los niños que se levantan temprano
para ir a la escuela cada día.
Esta nación se ha construido con sudor. Desde los campos hasta las
ciudades, desde los ventorrillos hasta las grandes plazas comerciales, el
trabajo ha sido siempre el motor que nos mantiene de pie.
Por eso resulta tan grave que alguien que habla como vocero de intereses
empresariales extranjeros se permita descalificar de manera tan ligera al país
que lo acoge. Y más aún cuando sectores del comercio nacional ya enfrentan una
competencia desigual que afecta directamente a miles de pequeños y medianos
negocios dominicanos.
Es cierto que el señor Peralta pidió disculpas. Y toda disculpa es mejor
que el silencio. Pero no basta con decir “lo siento” cuando se ha tocado la
dignidad de un pueblo. Hace falta algo más profundo: respeto real,
responsabilidad al hablar y conciencia del peso que tienen las palabras en una
sociedad cansada de ser subestimada.
Desde Tiempo de Hoy RD rechazamos enérgicamente “La frase que ofendió a
todo un pueblo”. No por espíritu de confrontación, sino por convicción: el
dominicano no es flojo, no es vago, no es indolente.
Las palabras del abogado Peralta no lo definen a él solamente; revelan una
visión peligrosa que no podemos permitir que se normalice. Porque cuando se
ataca la dignidad del trabajo, se ataca la dignidad del país.
Y la dignidad dominicana no se negocia.
El autor es director de
Tiempo de Hoy RD, periodista, corrector de estilo y locutor

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